Cómo el alcohol, el tabaco y el estrés están destruyendo la salud del personal de Ciberseguridad

Hay una ironía cruel en el corazón de la industria de la ciberseguridad. Los profesionales que pasan sus días protegiendo los sistemas más críticos del mundo —desde la infraestructura bancaria hasta los secretos de Estado— son con frecuencia, los que menos se protegen a sí mismos.

Mientras la amenaza digital crece a un ritmo exponencial, los cuerpos y las mentes de quienes la combaten se deterioran en silencio. El alcohol, el tabaco y otras sustancias se han convertido en el combustible tóxico de una industria que funciona en estado de alerta permanente. Y las cifras, cuando uno se detiene a mirarlas, son escalofriantes.

El síndrome del “héroe” cansado.

Para entender el problema, hay que comprender primero la naturaleza del trabajo. La ciberseguridad no es un empleo de nueve de la mañana a cinco de la tarde, de lunes a viernes. Al contrario, es una vocación que exige estar siempre disponible, siempre vigilante, siempre ir un paso por delante del adversario. Los profesionales de este sector viven en un estado de hipervigilancia que el cuerpo humano simplemente no está diseñado para sostener.

“La ciberseguridad es como una rueda de hámster que nunca se detiene”, dice Josh Turley, miembro de la junta de Mental Health Hackers. “Es una de las mejores cosas de trabajar en esta industria, pero también una de las peores”.

Los datos que respaldan a esta intuición, se basan en un estudio de Nominet Cyber Security que reveló que el 91% de los CISOs sufren de estrés laboral de moderado a severo, el 88% trabaja más de las 40 horas semanales y más del 25% siente que su trabajo impacta negativamente en su bienestar personal. Pero la cifra más alarmante es que casi el 17% admite usar alcohol o medicamentos para sobrellevar la presión.

No son casos aislados. Un informe de ESG e ISSA encontró que el 28% de los profesionales de ciberseguridad han experimentado problemas personales significativos debido al estrés asociado con la profesión, incluyendo abuso de drogas, alcohol y depresión. Y según un estudio de BlackFog, el 45% de los líderes de seguridad han usado drogas o alcohol para aliviar la presión laboral en el último año.

El alcohol como estimulante que no lo es.

Hay un error conceptual que se repite en los pasillos de las oficinas de ciberseguridad: el alcohol como descompresor. Como si fuera un interruptor que apaga el ruido mental después de una jornada de monitoreo de amenazas. Pero la neurociencia es clara: el alcohol es un depresor del sistema nervioso central. Lo que parece una liberación es, en realidad, una anestesia que adormece los mecanismos de regulación del estrés sin resolver su causa raíz.

El problema se agrava en un ecosistema donde el consumo de alcohol no solo está normalizado, sino institucionalizado. Las conferencias de ciberseguridad—DEF CON, Black Hat, RSA Conference—son famosas por sus happy hours, sus barras abiertas y sus afterparties donde el alcohol fluye como el agua. “Si buscas en Google imágenes de ‘evento de networking’, la mayoría de las fotos que verás son personas chocando sus copas de champán”, señala Jennifer VanAntwerp, fundadora de Sober in Cyber.

El problema, como explica VanAntwerp, es que “si tomas una o dos copas en cada una de esas paradas, al final de la noche has tenido cinco o seis tragos, que para mucha gente es mucho más de lo que normalmente toman durante la semana”.

Y el cuerpo, claro, no perdona. El estudio Tines encontró que el 19% de los profesionales de ciberseguridad consume más de tres bebidas al día, superando las pautas de los CDC. Eso no es un hábito social; es un patrón de consumo problemático que roza el umbral del alcoholismo.

Tabaco, sedentarismo y el corazón que no descansa.

El alcohol no es el único enemigo. El tabaquismo, esa vieja costumbre que la industria tecnológica parecía haber dejado atrás, sigue presente con cifras preocupantes. Un estudio realizado en 1.979 trabajadores informáticos españoles reveló una prevalencia de tabaquismo del 30,8% en hombres y del 33,2% en mujeres. Para una población con una edad promedio de 37 años, estas cifras son extraordinariamente altas.

El mismo estudio encontró que el 19,2% de los hombres presentaba obesidad según el IMC, y la prevalencia de hipertensión era del 27,6% en hombres. El nivel de riesgo cardiovascular en estos trabajadores, concluyeron los investigadores, “puede considerarse alto para una población con una edad promedio de 37 años y especialmente en hombres”.

El sedentarismo, compañero inseparable de las largas jornadas frente a pantallas, multiplica el daño. La combinación de estrés laboral crónico y un estilo de vida poco saludable, según diversos estudios, “multiplica el riesgo relativo de eventos coronarios en comparación con los trabajadores sin tensión y con hábitos saludables”.

La crisis nerviosa como síntoma de un sistema enfermo.

El consumo de sustancias es solo la punta del iceberg. Debajo, la estructura de la industria de la ciberseguridad está diseñada para generar agotamiento. El 66% de los profesionales encuentra su trabajo más estresante que hace cinco años. El 44% del personal de seguridad ya cumple con la definición clínica de burnout. Y el 74% ha tomado licencia por salud mental.

El “síndrome del héroe” que describe Olivia Rose, ex CISO corporativa, es particularmente dañino. “Los CISOs tendemos a estar estresados porque estamos hechos de la misma tela: gente que rinde por encima de la media, muy detallista, y que realmente se preocupa por hacer lo correcto para proteger la empresa, los empleados, nuestra infraestructura y nuestro país”, explica. “Pero cuando sigues enfrentando situaciones de alto estrés, esos mismos rasgos pueden hacerte caer en algún tipo de adicción para manejar ese estrés”.

Los que están cambiando el guión.

Afortunadamente, hay voces que están alzando el clamor. Organizaciones como Sober in Cyber (SIC), fundada en 2023, están creando espacios alternativos para el networking profesional sin alcohol. Sus eventos—como el “Rockin’ Mocktails” durante la RSA Conference—ofrecen “todo el ambiente sin el alcohol.

“Eventos como Rockin’ Mocktails demuestran que el networking significativo en ciberseguridad no tiene que girar en torno al alcohol”, dice Jen VanAntwerp, fundadora de SIC. “Quiero dar a la gente la oportunidad de participar en todo ese networking y construir esas conexiones profesionales con cero presión para beber”.

La iniciativa no es menor. Para muchos profesionales, especialmente aquellos en recuperación o con problemas de salud, la presión social de los eventos con alcohol puede ser abrumadora. “No debería ser un estigma hablar de ello o acercarse a alguien que está mostrando hábitos poco saludables“, dice Turley. “Necesitamos normalizar hablar de ello con un diálogo abierto”.

El costo humano de la vigilancia perpetua.

La industria de la ciberseguridad está pagando un precio que no aparece en los balances. El desgaste físico y mental de sus profesionales no solo afecta sus vidas personales —con matrimonios rotos, hijos que crecen sin padres presentes y una salud que se deteriora prematuramente, aunada a una muy mala alimentación— sino que también compromete la ciberseguridad que se supone que deben garantizar.

Un profesional agotado, dependiente del alcohol o con problemas cardiovasculares no diagnosticados no está en condiciones de tomar decisiones críticas en medio de un ciberataque. El riesgo de error aumenta, los tiempos de respuesta se alargan y la calidad del juicio se deteriora. Como señala un análisis, “la combinación de estrés laboral y un estilo de vida poco saludable multiplica el riesgo relativo de eventos coronarios“, pero también multiplica el riesgo de fallos de ciberseguridad.

La pregunta que la industria debería hacerse no es solo cómo proteger sus sistemas, sino cómo proteger a las personas que los protegen. Porque al final, la ciberseguridad más frágil es la de quienes la sostienen.

Por José R. Leonett. Fundador del Observatorio Guatemalteco de Delitos Informáticos – OGDI y de OPENHACKING.GT
16 de julio de 2026