Meryl Streep y otros intérpretes de renombre, junto a la paralización de la producción de películas y series, podrían llevar a un nuevo nivel de concientización sobre la inteligencia artificial.
Sabes que algo va mal con tu plan sobre inteligencia artificial cuando la cocreadora de The Matrix opina que da asco. En junio, cuando el Sindicato de Directores de Estados Unidos (DGA, por sus siglas en inglés) estaba a punto de firmar su contrato sindical con los estudios de Hollywood, Lilly Wachowski publicó una serie de tuits explicando por qué iba a votar en contra. La cláusula sobre inteligencia artificial del acuerdo, que estipula que la IA generativa no puede ser considerada una ‘persona’ ni realizar tareas que normalmente realizan los miembros del DGA, no era lo suficientemente explícita. “Necesitamos cambiar la redacción para dar a entender que no utilizaremos IA en ningún departamento, en ningún proyecto en el que trabajemos”, escribió Wachowski. “Creo firmemente que la lucha en la que estamos en este momento en nuestra industria es un microcosmos de una crisis mucho más grande y crítica”.
El jueves, esa crisis alcanzó otro hito importante cuando el Sindicato de Actores de Cine-Federación Estadounidense de Artistas de Radio y Televisión (SAG-AFTRA, por sus siglas en inglés), se declaró en huelga. Al igual que el Sindicato de Guionistas de EE UU (WGA), que también está en paro, uno de los principales desacuerdos se refería a la inteligencia artificial. En vísperas de la huelga, un miembro del SAG declaró a Deadline que los actores comenzaban a ver el episodio ‘Joan es horrible’ de Black Mirror como un “documental del futuro” y otro declaró al medio de comunicación que las plataformas de streaming y los estudios, entre los que se encuentran Warner Bros., Netflix, Disney, Apple, Paramount y otros, “no pueden pretender que no se nos utilice digitalmente o que no nos convirtamos en la fuente de nuevos contenidos baratos creados por IA”.

Actores de Hollywood se suman a la lucha contra uso de IA en cine y televisión
Hace unas semanas escribí sobre la huelga del WGA y sus paralelismos con el movimiento obrero ‘ludita’. Como a aquellos artesanos, a los escritores les preocupan las nuevas formas de automatización que les quitan el trabajo, pero no son intransigentes con la tecnología. Si las herramientas de inteligencia artificial se utilizaran para ayudar a los autores, por ejemplo, a buscar nuevos nombres para algún planeta de ciencia ficción, servirían para algo sin amenazar el sustento de nadie. Si se le enseña a los escritores a utilizar grandes modelos de lenguaje como herramientas, eso sería una cosa. Pero si se emplean en lugar de los guionistas, o para escribir textos que los humanos tienen que arreglar a cambio de unos honorarios más bajos, eso es un problema, argumenta el WGA. En definitiva, quieren tener voz y voto sobre el uso de la inteligencia artificial en el cine y en la televisión.
Los actores también quieren lo mismo. Pero la forma en que la IA afectaría su trabajo es muy distinta. A diferencia de los guionistas, no tienen por qué aprender a utilizar esas herramientas para llevar a cabo su trabajo, ya que esta tecnología se entrenó a partir de ellos. Sí, si la IA generativa crea, por ejemplo, una escena en una película, los actores tendrán que ser contratados para interpretarla, pero es fácil entender por qué quieren que se proteja el uso de su imagen y están dispuestos a irse a huelga para conseguirlo.
Que las estrellas de Hollywood tomen partido para mantener a raya la inteligencia artificial parece algo decisivo, sobre todo esta semana, cuando la Comisión Federal de Comercio de EE UU (FTC, por su siglas en inglés) también inició una investigación sobre OpenAI, la fabricante de ChatGPT. La FTC está revisando las prácticas de recopilación de datos de la empresa y su potencial para proporcionar información errónea a los consumidores, pero estas situaciones simultáneas dan la sensación de que la inteligencia artificial es algo más que pedirle a ChatGPT que escriba poesía o a Stable Diffusion, el motor de IA diseñado para crear imágenes a partir de texto, que dibuje un pez sobre una bicicleta.
Aunque la posibilidad de que la IA afecte al trabajo humano ha sido un tema de conversación durante meses, en los últimos días esas discusiones empezaron a extenderse a todos los sectores. Esta semana, el WGA del Este de EE UU criticó a G/O Media por su uso de la inteligencia artificial para redactar un artículo lleno de errores sobre Star Wars que apareció en Gizmodo. El sindicato calificó los textos generados por IA como “amenaza para la supervivencia del periodismo” y señaló las similitudes entre los periodistas y los guionistas en huelga. Mientras tanto, el lunes, la comediante Sarah Silverman se convirtió en la protagonista de un par de demandas colectivas contra OpenAI y Meta, acusando a las compañías de infringir los derechos de autor por supuestamente entrenar sus IA con su libro The Bedwetter. El actor de Hulk, Mark Ruffalo, la apoyó diciendo que “muy probablemente se convertirá en un caso de referencia”.

¿Detendrá todo esto el auge de los bots? No. Ni siquiera invalida que la IA resulte útil en muchos campos. Pero lo que sí demuestra es que la gente está prestando atención, sobre todo ahora que gente tan conocida como Meryl Streep y Jennifer Lawrence hablan de inteligencia artificial. El martes, Deadline informó que la Alianza de Productores de Cine y Televisión de EE UU, que representa a los estudios, estaba preparada para que el WGA hiciera huelga durante mucho tiempo, y un directivo declaró a la publicación que “el desenlace es permitir que la situación se prolongue hasta que los miembros del sindicato empiecen a perder sus departamentos y casas”. Pronto, Hollywood averiguará si los actores también están dispuestos a llegar tan lejos.
Fuente: Wired